Noviembre ha sido un mes de mucho trabajo y de empezar a sentir que poco a poco vamos entrando de verdad en el campo.

Después de las primeras limpiezas, uno de los grandes avances ha sido conseguir abrir el camino central. Ese pequeño paso nos ha cambiado completamente la forma de movernos por la parcela. Lugares a los que antes era complicado llegar empiezan ahora a estar accesibles y por primera vez podemos recorrer mejor el bancal de abajo y observar con más calma todo lo que hay.

La desbrozadora se ha convertido en una compañera habitual. Cada zona que limpiamos nos permite descubrir algo nuevo y entender un poco mejor el terreno.

Aunque noviembre ya anuncia la llegada del frío, nos hemos encontrado con un campo que sigue lleno de movimiento. Siguen apareciendo animales, rastros y señales de que aquí pasan muchas cosas cuando nosotros no estamos.

Hemos visto culebras, huellas, restos de animales y pequeños detalles que nos recuerdan que este espacio ya tenía sus propios habitantes mucho antes de nuestra llegada.

Uno de los grandes trabajos de este mes ha sido el algarrobo.

Era uno de los árboles que más nos llamó la atención desde el principio, pero necesitaba una buena limpieza. Hemos realizado una poda importante, retirando ramas y despejando toda la zona inferior para empezar a recuperar ese espacio.

Con esa limpieza también han llegado las primeras quemas y los primeros montones de leña. Es curioso cómo algo que empieza como un trabajo de limpieza termina convirtiéndose también en un recurso que podremos aprovechar.

Este mes también hemos empezado a plantar. Las primeras jaras ya tienen su sitio en el campo, un pequeño paso dentro de esa idea de ir recuperando espacios y acompañar poco a poco la vegetación que queremos tener alrededor.

No todo ha sido trabajo. También ha habido momentos de parar: siestas, mañanas en familia, madrugones para aprovechar las horas buenas y ratos simplemente estando allí.

Poco a poco empieza a formar parte de nuestra rutina.

La cámara trampa nos está regalando algunos de los momentos más especiales. La colocamos con la curiosidad de saber qué pasaba cuando nosotros no estábamos, y las primeras grabaciones empiezan a enseñarnos una parte del campo que normalmente no vemos.

Zorros, conejos, pequeños mamíferos y todos esos movimientos nocturnos que ocurren mientras el campo sigue su ritmo.

Noviembre ha sido un mes de abrir caminos, literalmente y también un poco en nuestra forma de entender este lugar.

Seguimos limpiando, observando y aprendiendo. Cada día aparece algo nuevo.

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