El leñero era una de esas cosas que sabíamos que había que hacer. A medida que fuimos podando los primeros árboles, nos dimos cuenta de que la cantidad de leña de naranjo que íbamos a generar era descomunal. Dejarla en el suelo no era una opción: entre el agua, el sol y la humedad de las noches, la madera se termina pudriendo y deteriorando mucho antes.

La idea siempre fue poder aprovechar esa leña, ya sea para hogueras o, llegado el día, para una estufa. Así que necesitábamos un leñero. Y, como con todo lo demás, tenía que encajar con el lugar y con la forma en la que estamos planteando el campito.

Buscando ideas, estuve mirando imágenes de leñeros en internet. Lo más sencillo y económico que encontré fue este sistema: bloques de hormigón, unos palos de base y contención en ambos lados, y poco más. Justamente tenía algunos bloques por ahí y unas maderas viejas que, aunque ya no servían para otra cosa, sí se podían reaprovechar para esto. Las corté, las ajusté y monté el primer leñero.

El resultado ha sido muy satisfactorio. Queda bastante integrado en el entorno y, contra lo que pensaba al principio, se ve muy estable. Es una solución simple, pero funciona realmente bien.

En cuanto a la leña, todavía queda mucha por colocar de la que ya está cortada. Y no hay que olvidar que aún quedan muchísimos árboles por podar, así que está claro que va a haber leña para rato. A partir de ahí surgió otra idea: en lugar de concentrar toda la leña en un solo punto, hacer varios leñeros repartidos por distintas zonas del campo.

La idea es que esos leñeros estén cerca del cinturón verde que queremos generar en el perímetro del terreno, esa franja de vegetación viva que servirá como refugio natural. De esta manera, además de almacenar la leña, los propios troncos pueden servir de resguardo para insectos y pequeños animales, ayudando a generar más biodiversidad sin añadir estructuras artificiales.

Así que el planteamiento es ir haciendo estos leñeros poco a poco, conforme los vayamos necesitando. La intención es reciclar todo lo posible: aprovechar materiales que ya tenemos y, si hace falta comprar algo, intentar encontrar bloques o listones de segunda mano para mantener la lógica de reutilización y bajo impacto.

De momento, este primer leñero ya está en su sitio. Y seguramente no será el último.

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